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¿LA FÓRMULA PRESIDENCIAL DEL FA PODRÍA TERMINAR SIENDO ORSI — XAVIER?


Muchos en Uruguay nos entretenemos jugando a descifrar cuáles son las movidas políticas y cómo terminarán siendo las posibles fórmulas presidenciales, a veces sin prestar demasiada atención a los procesos internos que conducen a esas resoluciones. Especialmente cuando el calendario marca que las elecciones aún están lejos y ya se están procesando todos los movimientos (para no asumir que ya “está todo el pescado vendido”).

Es así que especulamos desde afuera y apenas interpretando los mensajes explícitos o implícitos que a través de la prensa los posibles candidatos deslizan, unas veces para evaluar las consecuencias de esas intervenciones, y otras para generar nuevos escenarios. Pero a veces dejamos de lado algunas cosas; por ejemplo la complejidad de los acuerdos, las particularidades de los cargos, las aspiraciones personales de los involucrados, la proyección a largo plazo, e incluso… el calendario.

Como el Frente Amplio es gobierno, y tiene las mejores chances para repetir su gestión, es razonable que las baterías analíticas se centren en quién o quiénes pueden ser sus candidatos. Vayamos por partes.

 

Antes de ingresar a las condiciones que tiene cada candidato me gustaría pensar en las condiciones institucionales que marcan la cancha y en las reglas de juego.

 

Para empezar por el final, la presidencia se resolverá en noviembre de 2019. En octubre se votará la conformación del parlamento y, siguiendo la tendencia a la baja que desde el 2005 ha marcado el voto al FA, es muy probable que ningún partido consiga mayorías propias. Es muy probable que el Frente Amplio tenga que enfrentar una segunda vuelta.

 

Ahora bien, gran parte de este juego se resuelve primero en junio de 2019 y en la definición del vice, después. ¿Por qué?

 

De acuerdo con la Constitución el candidato único a la presidencia se resuelve en una interna nacional y simultánea. Sin entrar a considerar cómo juega esto en la campaña de la oposición, porque requeriría incluir demasiadas variables y escaparía a la posibilidad de análisis en estos momentos, en la interna oficialista empiezan a barajarse nombres en varios tiempos: departamentales de 2020 y presidenciales de 2024.

 

La definición del vice incluye la enorme tarea de lograr gobernabilidad con un parlamento en minoría. Presidir el Senado y la Asamblea General, a la vez que aportar en la articulación de las mayorías necesarias para votar leyes, especialmente para aprobar los presupuestos, será una tarea vital. Ya no es solo conseguir un compañero de fórmula que acompañe y complete la foto, o que deje conforme a “la otra barra” del partido de gobierno.

 

A su vez,  en la lógica del “voto útil”, la magnitud optima de competencia se determina por la cantidad de cargos en disputa (N) más un (1) competidor extra que aspira a ese lugar. Es de suponer que la definición sobre el número de candidatos para junio se cierre entre dos propuestas. Los dos candidatos (o grupos) más fuertes atraerán apoyos de los sectores con menos chances de competir, hasta lograr una mayoría que les permita ganar el único lugar en disputa.

 

Mirando a los candidatos:

 

Ex

Mujica (1935) es identificado como el más popular entre un sector de votantes frenteamplistas. Según las encuestas, el ex presidente es uno de los que más simpatía acumula, si bien también recibe una gran antipatía. Él mismo ha reconocido su impronta polarizadora.

 

Desde que las mediciones han empezado a mostrar los “saldos” entre simpatía y antipatía, y a razón de que en segunda vuelta hay el voto al “menos malo” o “por descarte” (y se define por un solo voto), se han constituido en un dato que es necesario considerar. Algo que seguramente debe preocupar a los dirigentes que evalúan los diversos escenarios y definen sus movimientos de fichas en clave de ganar la presidencia.

 

Un dato no menor: Mujica nació en 1935 y para la campaña electoral de 2019 tendrá 84 años. Ha dicho que está cansado, “que se duerme” y que no será candidato. Por más popularidad que pueda tener, habría que creerle.

 

Intendentes

Daniel Martínez (1957) y Yamandú Orsi (1967).
Ambos intendentes son reconocidos por sus gobernados como buenos gestores, gozan de simpatía y parecen tener una buena proyección política, y son “jóvenes” en los términos etarios de la política uruguaya. Tienen posibilidades reales de proyectarse como presidenciables, tanto en sus internas sectoriales como partidaria, a la vez que tienen la posibilidad de continuar un período más al frente de sus respectivas intendencias y luego competir en las elecciones presidenciales de 2024.

Martínez ser perfila como candidato desde hace tiempo, y la tarea de gobernar Montevideo lo ha posicionado como un candidato potente para competir en junio y representar a un “polo” del Frente Amplio, identificado con la gestión profesional y, en términos ideológicos, más “de centro”. Compite directamente por los votos a los que también aspira el astorismo, pero con mejores condiciones para lograr esos apoyos. No está claro si su interna ha resuelto apoyarlo, pero pocos dudan que no sea candidato.

Por otro lado, el nombre de Orsi ha empezado a manejarse como posible candidato por el “mppismo”; ese espacio simbólico que responde a “los votos de Mujica”, su sector (el MPP) y sus aliados, otrora “grupo de los 8”. Si bien a nivel nacional recién comienza a visualizarse como presidenciable, es un candidato que recibe el apoyo de buena parte de los frentistas de Canelones, que lo reconocen como un buen gobernante, abierto al diálogo y conciliador. Tanto que parece no tener competencia en su departamento.

 

Orsi y Martínez podrían competir en la interna de junio de 2019 y el que pierda aspirar a la reelección departamental, para volver a probar suerte en junio de 2024; lo que le asegura al Frente Amplio buenas oportunidades las dos principales intendencias del país, y continuidad para la competencia electoral nacional.

 

Terceros

Astori (1940) y “el astorismo”

Danilo Astori es uno de los candidatos siempre presentes, pero sobre él recaen los prejuicios que enfrentan quienes deben cuidar las cuentas y siempre poner cara de “no hay”. Si bien es uno de los principales responsables de la estabilidad fiscal, recibe críticas por (todos lados) no haber sido más estricto a la hora de prever el déficit en ANCAP, y otras acusaciones asociadas al “tarifazo” y la “consolidación fiscal”. Es uno de los políticos con más antipatía del Frente Amplio, solo superado por Raúl Sendic (al que ya nadie considera en carrera).

 

Si es importante pensar en “no polarizar”, argumento que Mujica utiliza recurrentemente, la medición de “los saldos de simpatía” sugeriría lo mismo en el caso de Astori. Queda abierta la incógnita acerca de candidaturas alternativas por este espacio político. Mientras más se tarde la definición del ministro de economía (suponiendo que aún lo está evaluando), menos chance habrá de conjurar alianzas con el sector de votos del PS.

 

 

¿Luego de junio qué?

La competencia de junio expone el apoyo de cada grupo, a fuerza de marcar votos, y el nivel de alianzas que lograron consolidar detrás de sus candidatos. El grado de fraccionalización interna y el abanico de nombres que se expresa a comienzos de 2018, muestran que aun hay tela para cortar, si bien el tiempo apremia.

 

Sobre fines de 2018 el Frente Amplio tendrá congreso, que deberá definir el nuevo programa y habilitar los precandidatos. Y una vez alcanzados los acuerdos para futuros gabinetes, quedarán determinadas las alianzas hacia la campaña de junio.

 

Si el astorismo y el Partido Socialista compiten por la presidencia -lo que supondría la existencia de tres candidatos en junio-, por fuerza de dividir votos contribuirían a una posible victoria del candidato mppista. Todos conocemos el clásico “divide y reinarás”, por lo que parece más probable un escenario de acuerdos que perfile un candidato común.

 

De todas formas, sin importar si al final son dos o tres candidatos, el bloque de sectores que pierda en junio tendrá la posibilidad de negociar el segundo lugar de la fórmula de octubre. Ahí es donde los naipes vuelven al mazo, ya que no necesariamente tienen que ser los mismos candidatos de la interna.

 

Con los números de junio sobre la mesa “los perdedores”, entre los que hoy se podría incluir a  quienes reivindican que una mujer integre el elenco de precandidatos (así como listas paritarias), renovarían con fuerza sus chances de imponer esas expectativas. Atento a la necesidad de que la Vicepresidencia la ocupe alguien con experiencia y capacidad para lograr mayorías, es probable que hoy algunos estén buscando una estrategia B entre las actuales parlamentarias. Quienes respaldan a Martínez en la interna buscan la vicepresidenta para Orsi, y viceversa.

 

Las estrategias electorales imponen pensar simultáneamente varios escenarios. Los que apenas podemos especular aprovechando la hendija que dejan los medios, nos entretenemos modelando escenarios y esperando más pistas. Veremos.

 

 

Omar Fuentes Armelino

Politólogo

fuente : UYPRESS

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