Orsi paga en las encuestas un modo nefasto de hacer política – Por  Leonardo Haberkorn

Las mediciones de opinión pública negativas reflejan la brecha entre la realidad y las promesas explícitas e implícitas

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Las encuestas marcan una creciente desaprobación de la gestión del presidente Yamandú Orsi y del gobierno todo. Una luz anaranjada, en palabras del propio presidente.

Según Equipos, el 48% de la ciudadanía desaprueba la gestión de Orsi y apenas el 27% la aprueba.

La desaprobación, además, crece en forma acelerada. Un año atrás era apenas de 14, pero encuesta a encuesta el porcentaje de disconformes fue creciendo: de 14 a 21; de 21 a 25; de 25 a 32; de 32 a 36; de 36 a 40 y un último y rotundo salto entre febrero y abril de 40 a 48%.

Los disconformes, además, crecen entre quienes votaron al Frente Amplio y entre quienes no lo hicieron. Entre los votantes del Álvaro Delgado quienes desaprueban la gestión ya llegan al 72%. En cuanto a los votantes frenteamplistas el crecimiento del rechazo es llamativo. En abril de 2025 era apenas del 3%. Pero hoy ya son un importante 28%.

Para otras encuestadoras, los porcentajes son similares. Según Factum, 46% desaprueba y 29% aprueba.

La última medición de Cifra es de febrero. Entonces 46% desaprobaba y 31% aprobaba.

Como se ve, los sondeos están alineados y también coinciden con el ánimo que se palpa en las calles y en las conversaciones ciudadanas.

Los análisis son muchos. La vicepresidenta Carolina Cosse dijo que es una luz amarilla. El secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, llamó a poner el pie en el acelerador. “Tenemos que mostrar lo que estamos haciendo, pero, por sobre todas las cosas, hacer más cosas”. El intendente Mario Bergara se mostró sorprendido porque antes los frenteamplistas barrían estos descontentos para adentro, pero ahora lo exteriorizan sin pudores ni temores.

La frustración es grande. Obviamente estos fenómenos tienen causas múltiples. Una de ellas, de la que se habla poco, es que el Frente Amplio está recibiendo hoy el efecto boomerang del modo que eligió de hacer política durante todo el gobierno de Luis Lacalle Pou.

Durante esos cinco años buena parte de sus principales actores (no todos, pero muchos) sembraron la idea de que el gobierno era un fracaso en todas las líneas y que actuaba solo en beneficio de los más privilegiados.

Según el relato de estos dirigentes, ante cada tema importante los blancos actuaban contra los intereses populares por ineptitud, corrupción o por subordinación a los “malla oro”. No existían circunstancias externas, ni herencias recibidas, ni un Estado anquilosado y deficitario, ni problemas históricos y estructurales que complicaran las cosas. El contexto fue borrado por completo.

Por ejemplo: la caída del salario real durante buena parte del gobierno de la coalición republicana fue explicada en esos términos de ineptitud, insensibilidad y, sobre todo, voluntad de beneficiar a los poderosos.

En junio de 2020 comenzábamos cada edición de Desayunos Informales mostrando insólitas imágenes de lugares icónicos como la Fontana di Trevi o la Torre Eiffel absolutamente desiertos. No había nadie. Eran postales apocalípticas. El mundo se había detenido. En esos momentos, con ese telón de fondo, la entonces diputada frenteamplista Bettiana Díaz escribía en Twitter:

“Resumiendo los primeros 100 días de los mejores 5 años de tu vida:

La mayor caída del salario real desde 2002.

La inflación más alta desde 2003.

200 mil al seguro de paro.

Más de 350 ollas populares.

Aumento del 20% en los alimentos.

Flexibilización de la negociación colectiva”.

No era mentira. Pero era una construcción discursiva donde todo el contexto –que era central en esos momentos- había sido eliminado a conciencia. Y así siguió. Un año y medio después de iniciado el gobierno, Díaz grabó un video de Tik Tok en el cual se mostraba bailando y sonriendo mientras aparecían las siguientes frases: “Caída del salario real”, “Ajuste fiscal”, “Aumento de tarifas y combustibles”, “Bienvenidos a los cinco mejores años de tu vida”.

Todo el marco en el que ocurrían aquellos hechos, incluyendo aquella pandemia que paralizó al planeta, fue borrado del mapa. No existía ni existió. También los múltiples problemas estructurales que Uruguay tiene y frenan su economía y su desarrollo social. Todo fue soslayado para adjudicar cada uno de los problemas a la maldad, la ineptitud y al deseo de aquel gobierno de perjudicar al pueblo y beneficiar a los “malla oro”.

Ante un electorado que cada vez se informa en forma más superficial en base a pequeños fragmentos de información que circulan por las redes sociales, ejercer la política con tal grado de deshonestidad intelectual puede ser útil para ganar elecciones.

Pero la cuenta llega después y no es barata. El Frente Amplio instaló la idea de que el gobierno anterior fracasó porque sus integrantes eran ineptos y estaban al servicio de los más ricos. La contracara de esa idea es obvia y despertó la ilusión de miles de votantes: si uno sacaba a esos incapaces que solo buscaban saciar los apetitos de los poderosos y los sustituía por gente más capacitada y sensible a las necesidades populares, el país no podía sino mejorar. Y mejoraría muy rápido, ya que no existían obstáculos internacionales, ni viejos lastres, ni déficit fiscal, ni un sinfín de problemas estructurales que Uruguay arrastra desde hace décadas y no cesan de agravarse.

Hoy, un año después, la opinión pública muestra su rechazo a un elenco que prometió un cambio fácil y hoy no logra concretarlo. No lo logra por múltiples razones. Entre ellas, porque sus diferencias internas respecto a cómo debe manejarse la economía y el Estado son gigantescas (otro tema nunca del todo admitido) y porque, además, están chocando contra todo aquel contexto que durante cinco años negaron y ocultaron.

Aunque han tenido suerte y no les ha tocado nada tan grave como la pandemia, hoy los dirigentes del Frente Amplio descubren cómo influyen los problemas externos, las circunstancias internacionales, el Estado ineficiente y deficitario y los enormes problemas estructurales que tiene Uruguay y que nadie se anima a encarar porque hay grupos de poder que se resisten a ser tocados: desde las Fuerzas Armadas al sindicato de Ancap, pasando por los importadores de café y pasta de dientes, por poner solo algunos ejemplos de vacas sagradas intocables, pesadas como un ancla.

Bettiana Díaz, ahora senadora, baila menos en Tik Tok. Cuando le preguntan en la prensa por los graves problemas que enfrenta al gobierno, recurre al contexto para intentar justificarlos. Dijo que la muerte de niños en el INAU es un “problema estructural” y que la enorme cantidad de gente malviviendo en la calle es un asunto “muy complejo”. De golpe, todo lo que durante cinco años fue fácil y sencillo ahora es “muy complejo” y difícil de solucionar. “Uruguay siempre va a ser un país caro”, dijo Oddone, sumando su granito de arena a la frustración y el desencanto.

Paradojalmente, la cuenta la está pagando el presidente Orsi, un dirigente del Frente Amplio que nunca se manejó con estos parámetros efectistas y empobrecedores, y ahora no da abasto para calificar problemas como “muy complejos”.

Pero aún en estas circunstancias, la lección no ha sido aprendida. Basta ver el tuit que escribió el senador Daniel Caggiani acerca del traslado del fiscal Alejandro Machado: “Es raro que se cambie, sin justificación alguna, al fiscal que tiene a cargo las investigaciones de los principales casos sobre irregularidades e ilicitudes del gobierno anterior. Es muy raro. Vamos a estar atentos para ver a quien designan en su lugar”.

Uno puede estar de acuerdo con su opinión, o no. El tema puede ser raro y también preocupante. Pero lo que no se le puede escatimar a la opinión pública –y Caggiani lo hace a conciencia- es un dato tan central para analizar el caso como que fue el propio Machado quien pidió ser trasladado.

Otra vez: es una forma engañosa de hacer política –en este caso buscando dañar la imagen de la fiscal Mónica Ferrero- en la cual se ocultan datos centrales de los hechos. Los ciudadanos tarde o temprano exigen la cuenta. Es pan para hoy y encuestas demoledoras para mañana.

No se trata solo del Frente Amplio. En la oposición, hoy muchos integrantes de la Coalición Republicana arrecian contra el gobierno con esquemas por momentos tan penosos y engañosos como los descriptos líneas arriba. Ya se olvidaron de sus fracasos y frustraciones. Todo volvió a ser fácil y sencillo otra vez y allí están ellos, criticándolo todo, absolutamente todo: cada día, cada hora, cada minuto. El récord Guiness de interpelaciones está a la vuelta de la esquina.

La antipolítica ya llegó al Parlamento y seguirá creciendo mientras se le siga mintiendo a la gente. Y las encuestas seguirán exhibiendo la frustración de un electorado al que se le oculta información central y se le dice que las enormes y duras tareas pendientes que el Uruguay tiene por delante son algo fácil y sencillo que se arreglará sacando a los feos y malos del gobierno y colocando en su lugar a los lindos y buenos.

Fuente : El Observador