Leandro Secinaro

La persistencia de políticos sin experiencia ocupando cargos ministeriales en el ámbito de la seguridad ha alimentado la corrupción policial y ha contribuido a una alarmante inseguridad en nuestro país.
Uruguay se ha convertido en un terreno fértil para la delincuencia, donde los criminales disfrutan de una libertad sin restricciones mientras la población sufre las consecuencias. La falta de un plan elaborado por expertos en seguridad y la improvisación en las políticas gubernamentales agravan aún más la situación.
¿Qué conocimiento tiene realmente Nicolás Martinelli sobre seguridad? Su principal mérito parece ser su cercanía personal con el presidente, pero su falta de experiencia y preparación en el campo de la seguridad nacional es evidente. Vive en una burbuja de privilegios, desempeñando un papel de policía y ladrón sin comprender verdaderamente las necesidades del país.
El entorno de Martinelli está formado por policías retirados que no poseen los méritos necesarios para ocupar sus cargos, salvo por su lealtad política al Partido Nacional. Este problema no es nuevo; ha existido desde hace años, con políticos de diversas profesiones ocupando el cargo de Ministro del Interior, incluso individuos con antecedentes cuestionables como terroristas y sediciosos.
El caso de Mendoza es especialmente preocupante. A pesar de ser interpelado por figuras políticas destacadas, como Heber, por su gestión en las cárceles, sigue ocupando un cargo de importancia. Las cárceles uruguayas se han convertido en un lucrativo negocio que deja enormes sumas de dinero, lo que podría explicar la persistencia de Mendoza en su cargo.
Mientras tanto, los ciudadanos uruguayos viven con miedo, depresión y angustia. Un pequeño grupo privilegiado disfruta de lujos y riquezas, mientras condenan al resto de la población a una vida indigna y peligrosa. Es hora de exigir un cambio real en el sistema de seguridad y en el liderazgo político que lo dirige.

Fuente : Crónicas del Este

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